3 de julio de 2006

Con pausa

Revisando el contador de visitas he detectado cierta expectación por la resolución de ciertos problemas personales que nunca, insisto, he querido traer aquí. Supongo que ese es el principal morbo bloqueril, observar cual voyeur más o menos discreto las vidas ajenas. Ahora bien, sin son fieles a (y de) esta parroquia sabrán bien que poco o nada pueden esperar al respecto. Mis líos están donde deben estar, no aquí. Y no visitarán este lugar para lamento de curiosos, cotillas, porteras o periodistas del corazón (vaya absurda expresión, por cierto, nada tienen de periodistas y poco de corazón).

A estas contrariedades que no menciono se ha unido al suicidio de mi querido disco duro (que no sería tan duro). Es la primera vez que me ocurre una cosa así en los más de 20 años que llevo usando computadoras. Cuando ocurren estas cosas uno se lamenta de no tener copia de seguridad de nada. No es mi caso. Tengo copia de muchas cosas (aunque no de mi Bartleby enciclopédico que abría la novela tapihiana), pero las tengo con tal desorden que no es fácil saber si está todo. Son demasiados gigabytes (entre los que no hay ninguna versión pirata de las obras de Ramoncín, sólo números y más números y alguna que otra letra) y me llevará un tiempo recuperar el estado original de las cosas.

Me tomo este accidente con cierta ilusión, como la oportunidad de hacer una limpieza de disco a fondo. Por cuidado y disciplina que uno ponga es imposible que el disco no se vaya llenando de porquería (las más de las veces consecuencia de la utilización de esas pequeñas maravillas informáticas que llaman “wizards” o apellidan “inteligentes”). Que levante la mano el que pueda afirmar con seguridad que tiene el disco limpio de polvo y paja.

Ya pueden bajarla, que yo sigo con lo mío. A esto se une, por si no se han dado cuenta, las fechas a que estamos (un economista tal vez diría “efecto calendario”). Comienzan las vacaciones, la señora Rus se merece un descanso más que nunca y un servidor, en la medida en que le sea posible se lo piensa dar. En otras palabras, que puesto en la tesitura de optar entre sufrir los calores estivales intentando recuperar el sistema o llevar a la señora Rus a la tierra que vio nacer a sus hijos, me quedo con lo segundo. Estoy loco, pero no tanto.

Ahora sólo hace falta hacer una sencilla operación aritmética para la que les creo más que capacitados: problemas personales + ausencia de PC + vacaciones familiares = me voy a tomar un descansillo para bien de todos. Estoy seguro de que antes o después me lo agradecerán. Los que aborrezcan lo que aquí hago lo harán por razones obvias. Los infelices que encuentran aquí algo de provecho porque este anuncio no es el de un abandono. Estoy seguro de que la continuidad de estas páginas precisa de esta pausa (que no lo será tanto, algo apareceré por aquí).

No dejaré de escribir. No sé hacerlo (ni escribir, ni dejar de escribir). Tal vez, aunque no puedo prometérselo, cuando regrese las cosas vengan más meditadas, maduradas, trabajadas y demás cosas que los intelectuales siempre dicen hacer aunque no lo parezca. Tal vez, incluso, eso le siente bien a mis letrillas. Al fin y al cabo el gran don Tito decía que él no escribía, que sólo corregía. ¿Quién sabe si no me dará por explorar ese ignoto sendero?

Pero sí dejaré de publicar por un tiempo (uno o dos meses, salvo arrebato repentino). Creo necesitarlo y merecerlo (y eso que méritos y necesidades no suelen venir de la mano). Ya verán cómo, tras unos días sin leer mis cosas, su equilibrio mental comienza a recuperarse y hasta empiezan a apreciar la vida en lo que vale.

No les van a faltar cosas con que divertirse. Este año el Tour de Francia viene más divertido que nunca (aunque no entiendo cómo no se le ha ocurrido todavía a ningún patrocinador colocar su logotipo en los uniformes de la gendarmería francesa, sin lugar a dudas el equipo que más va a destacar). Han tenido (y algo queda) ración doble de fútbol y está por venir la de baloncesto. No son fechas muy adecuadas para festejos taurinos pero seguro que algún circo les queda cerca de casa. Seguro que no me echan de menos, cosa que deseo tanto como su contraria.

Tengan un feliz verano. Yo volveré después de ocuparme de algunas cosillas.


P.S. Por supuesto, pueden comprar el libro. Si ha dejado a doña Ceci con sus afamados pechos al aire no puede ser tan malo.