30 de septiembre de 2006

Sopa boba

Con verdadero dolor de corazón, porque sé que esto ofenderá una vez más a nuestra corsaria, que no sólo es una de las más fieles lectoras de este rincón sino también una de las mejores, me siento en la obligación de retomar algún asunto relacionado con mi anterior entrega. Bien es cierto que esa relación será más bien tangencial. Pasa de refilón, o eso pretendo, por la batalla entre escépticos y crédulos cuyo campo de batalla pretendo dejar lo más lejos que pueda de estas páginas.

Pero, en fin, el caso es que se me había ocurrido decir en un comentario que el hecho de que el programa del señor Jiménez fuera divertido era irrelevante en esa guerra. Aquel alegato mereció una contestación por parte de doña Ana. Sus palabras fueron estas (con exclusión de su terrible amenaza final):

Pues sí cuenta, es de las pocas cosas que cuentan. El programa de Íker es divertido, divertido, divertido. Y tú estás emplastándote con el rollo este escéptico y además, qué poco original, pero si la internet está llena de cazadores de Íkeres.

En despiece lejanamente aristotélico, la exposición puede dividirse en cinco afirmaciones:

  • Que las cosas sean divertidas es importante.

  • Pocas cosas son tan importantes como la anterior.

  • Cuarto Milenio es un programa divertido.

  • Un servidor está aburriendo con este tema.

  • Un servidor es poco original porque de esto ya hablan muchos otros.

Afirmaciones a las que cabe añadir alguna que otra deducción implícita pero que, por evitar excesos interpretativos, dejaré de lado aquí. Trataré cada afirmación por separado para llegar a donde quiero llegar.

Que las cosas sean divertidas es importante

‘Divertir’ es tanto ‘entretener’ como ‘llevar por otro camino’ y, aunque son conceptos en general escurridizos y en los que lo opinable juega su papel, creo que a los ojos de cualquiera ambas acepciones cuadrarán bien con lo que por aquí me suelo traer. Son muchas las veces que he confesado que estoy aquí porque me divierte y tengo la sospecha de que a ustedes les ocurre tres cuartos de lo mismo.

Que he procurado, además, que aquí las cosas discurran por cauces poco trillados (vaya figura retórica más absurda me ha salido, no tiene sentido trillar cauces) es tan cierto como que no me veo en condiciones de asegurar que lo haya conseguido. No soy de la cuerda de los que se contentan con la ‘intención’ y, en consecuencia, no me parece que ésta, tan buena, me exculpe de nada. Sea yo, pues, juzgado por mis resultados, sean cuales sean, y no por mis intenciones. Así de injusta es la vida para todos.

Pero sí me parece evidente que estas ‘Salidas’ son palmaria demostración de que no puedo estar más de acuerdo con lo que dice doña Ana. Es, entre otras cosas, una cierta concepción de la vida y una negación visceral de la imagen del valle de lágrimas que ofrecen tantos vendedores de verdades. Mi defensa de Epicuro, tan mal entendido por tantos, va en esa línea.

Pero hasta los mayores acuerdos no están exentos de alguna matización. En realidad ninguna cosa es o deja de ser divertida. La diversión no es una cualidad de las cosas, lo es de las personas que se divierten. Tocar el bombo o la ocarina no es divertido en sí sino divertido para alguien concreto (que no soy yo por cierto; puedo decirlo porque he practicado ambas actividades).

Lo que a unos divierte a otros horroriza (piensen en el programa de Los Morancos como singular ejemplo de polaridad al respecto; hay quien no se lo pierde nunca y hay quien, me consta, está organizando un comando de asalto para acabar de una vez con ellos; excusen que no de más información al respecto por evitarme problemas con la ley).

Este traslado de la diversión al sujeto introduce no pocos problemas. De un lado, convierte en responsabilidad propia el no divertirse con algo. De otro, parece abocar al relativismo más extremo, al todo vale, al ‘si no te gusta es culpa tuya’. Pero, ya lo dijo Einstein, no todo es relativo. Me remito aquí a lo que diré al final.

Pocas cosas son tan importantes como que las cosas sean divertidas

Si el punto anterior es la afirmación de un principio, todo lo discutible que se quiera pero principio al fin y al cabo, este segundo entra de lleno en otro campo radicalmente distinto. El fondo es un juicio valorativo de lo más ambiguo. No sé qué entiende doña Ana por ‘pocas’ aunque cabe pensar que alguna cosa, al menos dos dado su uso del plural, sí son más importantes.

No sé cuáles puedan ser esas cosas a juicio de doña Ana, pero sí sé de algunas que considero cuando menos igual de importantes. Haré valer mi opinión, y será entonces cuando las nombre, más adelante. Baste por ahora decir que, en ausencia de tal conocimiento, no puedo negar un cierto grado de acuerdo con nuestra corsaria.

Cuarto Milenio es un programa divertido

Y llegamos al fin a una valoración en sentido estricto. Valoración que, a tenor de lo expuesto antes, no debe leerse como afirmación general sino personal y subjetiva, es decir, “a mí me divierte Cuarto Milenio”. No tengo, ni puedo tener nada en contra de esta afirmación. Nadie es quién para decirle a otro qué ha de divertirle. A mí, a partes iguales, me aburre, me exaspera y me irrita. Creo poder ofrecer razones para ello, pero eso es cosa de otro apartado.

Que son un tropel los que coinciden con doña Ana en esta apreciación es cosa que se demuestra con el simple repaso de los debates que suelen producirse en otros pagos, en los que los acérrimos defensores del señor Jiménez propagan a espuertas loas y alabanzas de toda índole. De hecho, supongo que si el programa tiene altas cotas de audiencia será porque son abundantísimos sus divertidos fieles amén de los tres o cuatro resentidos escépticos que se lo estudian para sus vitriólicas réplicas.

Un servidor está aburriendo con este tema

Cuestión de gustos ¿no? Yo no me he aburrido y sé que algún otro tampoco lo ha hecho. De nuevo, como en el punto anterior, no cabe leer esto sino como afirmación subjetiva: “me aburre que trates estos asuntos”. Dicho así, no puedo estar más de acuerdo. De hecho sabía de antemano que doña Ana se iba a aburrir con ello. Somos pocos y ya nos vamos conociendo. Su comentario sólo ha confirmado una fundada sospecha.

Que doña Ana se haya aburrido con esta discusión es, en consecuencia, un hecho objetivo. Igual de hecho e igual de objetivo es que a mí sí me ha divertido. Sé que hay bloggers con vocación de ‘servicio público’, con extraños complejos de ‘adalides de la verdad’ y que se calzan el antifaz como aquel guerrero de antaño y espada en mano se lanzan a salvar al mundo de sus más terribles enemigos. Que Dios, aunque no existe, les ampare, porque andan los más muy descaminados. No es mi caso. Nunca he pretendido unirme a ninguna cruzada y los fieles, si es verdad que me van conociendo, lo deberían tener claro.

Sí considero razonable utilizar este espacio de cuando en cuando para criticar aquello que considero injusto, indigno, inmoral o simplemente erróneo. En alguna de esas categorías, elijan ustedes, entra el hecho de que el señor Amorós aparezca por televisión dándoselas de rigurosísimo estudioso tras la sentencia del caso Bélmez. Entiéndase bien, esto no se lo reprocho al señor Amorós sino a la cadena que le cedió su tiempo. Lo dejo aquí de momento porque la exposición de motivos todavía tiene para rato.

Un servidor es poco original porque de esto ya hablan muchos otros

He declarado más arriba que he procurado que aquí las cosas rueden por caminos poco frecuentados. No son las cosas, sino los caminos por los que transitan, los que procuro que sean infrecuentes (cosa no siempre lograda, todos tenemos límites). Son legión los escritores que han declarado que temas, lo que se dice temas, hay muy pocos. Nunca se han puesto de acuerdo en su número pero en general coinciden en que bastan los dedos de una mano para contarlos. Exigir un tema original en cada cosa es condenarnos a quedarnos a dos velas borrando de un plumazo la práctica totalidad de la literatura, la filosofía, el arte.

Ahora bien, tendemos a dar por sentado que la originalidad es un valor y yo, qué quieren que les diga, tengo mis dudas al respecto. Desde luego, no lo ha sido históricamente y me gustaría poder leer una historia de la idea de originalidad cuya existencia ignoro y que, seguro, arrojaría luz en un lugar en el que hace muchísima falta..

Lo que me parece innegable es que el hecho de que otros muchos traten un tema no es razón para que yo deje de hacerlo. No sólo porque haya muchas más personas que temas, ni porque no crea que exista una exigencia moral o estética de ser original. Así, si he traído este asunto por aquí ha sido porque, de alguna manera, me interesa, en ciertos aspectos hasta me preocupa y, sobre todo, ya lo he dicho, me divierte.

Las creo todas ellas razones más que suficientes habida cuenta de que no “me debo a mi público”, al que respeto y procuro agradar siempre sin traicionarme. De hecho, cuando oigo a cualquier artista esa extraña afirmación de que “se debe a su público” sólo alcanzo a entender algo como “en vista de que vivo de esto y ellos ponen el dinero, mi juicio siempre estará mediado por que lo creo que el público demanda”. No habiendo euros de por medio, me guío por el mucho más apacible camino de hacer aquí lo que me venga en gana. Cosa que espero que ustedes hagan también (¿captan la ambigüedad?)

Considero, además, que si están aquí es, sobre todo, por una cuestión de formas. Me cuesta creer que todos mis “temas” sean de su interés. Al fin y al cabo les he traído matemáticos (Hilbert, Cantor, ...), autores y latinos (Horacio, Apuleyo,...), oscuros visionarios y místicos (Kuhlmann, Sor Agnes Blannbekin,...), animales fantásticos (el basilisco, el hidebehind,...), navegantes (Joshua Slocum, Bernard Moitessier,...), escritores que navegan (Joseph Conrad, Jack London,..), escritores que no navegan (Vladimir Nabokov, Augusto Monterroso,...), satíricos británicos e irlandeses (Jonathan Swift, Joseph Addison,...), británicos menos satíricos (Sir Thomas Browne, Robert Burton,...), británicos aún menos satíricos (Sir Kenelm Digby, Sir Rupert Cholmondeley,...), filósofos griegos (Epicuro, Aristóteles,...), profesionales exóticos (Alberto Washington Caldentey Gómez, A42,...), músicos fracasados o exitosos (Ulf Wakenius, Teddy Mars,...), grandes fotógrafos (Henri Cartier-Bresson, Helmut Newton,...), palabros con historia (mamotreto, aguacate,...), estadísticas diversas (de dentistas, de blogs,...), dolencias varias (odontológicas, gastrointestinales,...), viajes apasionantes (la Divina Comedia, la Eneida,...), mamarrachos (Thomas Mann, Juan Marquesino,...), ocultistas de los de verdad (José Lezama Lima,...), jugadores de ajedrez reales o ficticios (Capablanca, Luzhin,...), malabaristas (Guillermo Cabrera Infante, Raymond Queneau,...) y qué sé yo cuántas cosas más. Que levante la mano el que los cuente todos en su catálogo de intereses, que yo le contestaré con las últimas palabras de Sir Everard Digby.

Son de una diversidad suficiente como para sospechar con cierto fundamento que nadie puede coincidir con ellos en su totalidad. No sé, ni quiero saber, cuántos otros han tratado estos asuntos. No persigo, como digo, originalidad ninguna. Son simplemente los asuntos que me rodean, que me interesan, que forman parte de mi vida como lo hace el que tanto disgusta a doña Ana. Si no le divierte, lo lamento de veras. Me agrada que ella se divierta, pero no es cosa que esté en mi mano para bien o para mal.

Una (no tan) breve réplica

Dicho esto con la única intención de fijar el punto de partida, quisiera dejar constancia de las que creo han sido mis reales motivaciones para traer por aquí (de nuevo, porque no es la primera vez) el tema de los magos, brahmanes y gimnosofistas que pueblan nuestros pretendidamente serios medios de comunicación.

Vaya por delante que ni pertenezco a ningún círculo escéptico ni comulgo con todo lo que en ellos se afirma (por poner un ejemplo, su rectificación de la carta enviada para solicitar la retirada del programa de Jiménez es de lo menos atinado que he visto nunca). Me parece, en todo caso, que no es de recibo que se les acuse de “sectarios” (y a veces se comportan como tales) desde posiciones claramente sectarias y que, con toda evidencia están a años luz de lo que debe ser un discurso racional.

Y ya vamos llegando al busilis. No creo que el señor Jiménez, o el señor Amorós, o el señor Cardeñosa o cualquier otro de la misma cuerda sean uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. Menuda estupidez. Creo que son expresión de algo mucho más grave y que se manifiesta en muchos otros lugares y a través de muchas otras personas. Algo de lo que me he reído aquí muchas veces pero no por ello deja de inquietarme. Intentaré explicarme.

No me cuento entre los alarmados por la supuesta terrible degradación cultural que padecemos. De hecho, no creo que exista tal degradación. Números cantan: el grado de alfabetización de la población mundial, por ejemplo, es más alto que nunca. No cabe juzgar los tiempos de Cicerón por la obra de Cicerón, como no cabe juzgar los tiempos de Newton por la de Newton (por cierto, otro aficionado al ocultismo). Ambos y tantos otros son excepciones que no pueden tomarse como descripción de la sociedad en que vivieron.

El común de los mortales en esos otros tiempos sufría graves carencias discursivas y argumentativas exactamente igual que hoy en día. Poco ‘progreso’ se observa en este campo. Tan sólo sucede que esos “falsos debates” que se parecen a los que hoy en día venos por doquier no han perdurado. Estoy seguro de que en el siglo XVI había tantos o más cotillas que hoy en día, simplemente pocos de sus cotilleos han sobrevivido. Y, como decía Lázaro, “todo va desta manera”.

La diferencia, no sólo de grado, es que hoy los discursos y discusiones erróneos, rebosantes de argumentos falaces y carentes de todo uso de razón alcanzan, gracias a los medios, una difusión sin precedentes y contribuyen, en buena medida a afianzar esa, si me permiten la expresión, “ilógica retórica parda” en la que el argumento correctamente construido brilla por su ausencia.

Y no hace falta descender al pozo de las inmundicias, las tertulias del corazón. No tienen más que ver a los políticos en sus escaramuzas para echarse las manos a la cabeza. No deja de asombrarme que prácticamente ninguno conteste a lo que se le pregunta o ponga algo sustantivo en sus palabras. Por eso es agradable descubrir que uno de ellos, Ricardo García Damborenea, haya intentado poner su granito de arena en defensa del uso de razón. Yo, que soy de natural negativo, pondría más énfasis en su diccionario de falacias, documento que debería ser obligatorio tener como libro de cabecera mientras no se demuestre que puede uno pasarse sin él.

Una buena ilustración de lo necesario de esto que les digo son precisamente los “debates” que suelen producirse en torno a estos misteriosos asuntos “misteriosos”. He tomado uno más o menos al azar (si quieren mayor precisión, al azar entre un conjunto preseleccionado) a modo de ilustración. Se trata de un post del blog televisivo, Vaya Tele, en el que se discute, precisamente, la conveniencia o inconveniencia de la iniciativa de los escépticos de recoger firmas para solicitar la retirada del programa del señor Jiménez.

En principio, el post se limita a dar cuenta de la iniciativa escéptica de recoger firmas para solicitar la retirada del programa. Es cierto que reparte para todos lados con idea de dejar a todos contentos (En resumen: yo no creo, pero hay quien sí, la cadena ve interesante la audiencia potencial, el programa es poco serio pero es excesivo pedir que se retire). Y ya está. No hay más. Bueno, sí hay más. En el momento de redactar esta chorrada hay nada menos que 262 comentarios. Repasaré unos cuantos del bando milenarista por ser éstos mayoría. Dejaré de lado las cuestiones “de forma”. Casi todos escriben de forma atroz y, por lo que se ve en el comentario #120, están orgullosos de ello: Haber memo es k la gente hoy en dia escribe abrebiado, solo los viejos kmo tu escriben asi (vaya manera de abreviar ‘abreviado’). Me limitaré a discuir su falacia antes de exponer mi posición. Para mayor claridad los agruparé en categorías, no exhaustivas porque tampoco me tomo esto tan en serio.

a) Mucho peores son los programas del corazón.

Mal deben ver la cosa cuando la defensa se basa en encontrar algo aún peor. ¿Es que no alcanzan a ver que el “carnicero de Rostov” no exculpa de nada a “Jack el destripador”? Es cierto que los programas del corazón son deleznables (al menos en su mayoría porque no me he atrevido a verlos todos), pero eso no tiene nada que ver con la crítica que se hace a Cuarto Milenio.

Otra cuestión, relacionada con este apartado, es que se achaque a los críticos no dedicarse a criticar otras cosas. El mundo está lleno de problemas (o programas de TV) más terribles, ¿por qué tomarla con este? Es falacia que esconde la anterior y argumento insostenible en todos los ámbitos de la vida. ¿Quién se imagina permanentemente dedicado a lo más importante? ¿Deberían los telediarios informar de una sola noticia?

Cada uno se dedica a lo que le viene en gana mientras las circunstancias se lo permiten. Tal vez a algunos les cueste comprender que a otros les ofendan sobremanera las prácticas del señor Jiménez (y otros) pero es cosa irrelevante en la discusión. No veo, porque no hay forma de verlo, en qué contesta este pretendido argumento a las razones expuestas por la iniciativa de recogida de firmas.

b) El “buen rollito” ante todo

El “buen rollito”, actitud de lo más peligrosa, está magníficamente representado por el comentario número 36, que dice:

Siendo las cosas tan faciles el hombre tiende a complicarse: Sed libre y dad libertad, si nos gusta algo pues adelante con ello si no nos gusta debemos pensar que si está ahí es porque a alguien le gusta pues respetemos. Compartir opiniones no tiene porque ser discutir, tener ideas diferentes puede ser enriquecedor y no motivo de insulto. Por eso ni el que ve el programa es mejor ni peor que el que no lo ve, ni al contrario. Disfrutemo y dejemos disfrutar es fácil.

Desgraciadamente esta clase de asertos se ve cada día con mayor frecuencia y, lo que es indudablemente más alarmante, cada vez son más los que lo encuentran razonable. Por alguna razón inescrutable la ‘discusión’ goza de muy mala prensa, a pesar de que es el camino para llegar a alguna conclusión. A juicio de estas almas cándidas no se debe ‘discutir’ nada sino ‘compartir opiniones’, actividad que, por lo visto, consiste en ponerlas todas unas al lado de las otras.

Junto a esto, se afirma y reafirma en las aseveraciones, más o menos implícitas, de que “todo es respetable” y “todo es opinable”, aparentemente miríficas e inocentes pero en realidad cargadas de sinrazón. Que no todo es respetable lo cree hasta el autor del comentario, para quien es reprobable insultar. No veo, a la luz de sus argumentos, por qué considera que no se debe insultar: si “a alguien le gusta pues respetemos”. A mí, personalmente, me encanta insultar. Que no todo es opinable, debiera ser premisa aceptada por todo el que se mete en una discusión. En caso contrario ¿Para qué hacerlo? ¿Qué sentido tiene argumentar (o tratar de hacerlo sin éxito, que es lo más habitual)?

Hay argumentos estúpidos y, por tanto, en nada respetables. Decir, por ejemplo que si algo “no nos gusta debemos pensar que si está ahí es porque a alguien le gusta pues respetemos” es una soberana majadería cuyo firmante no creo que esté dispuesto a aplicar a cosas como la pederastia, que sin lugar a dudas y para nuestra desgracia está ahí porque hay “alguien que le gusta”.

El “buenrollista” quiere creer que no hay límites y vive feliz mientras no se encuentra con ninguno. Desde luego si uno se procura una vida gris y anodina es hasta probable que en su paso por este alegre valle no se tope con ninguno. Pero, ya lo decía la canción, la vida te da sorpresas, las más de las cuales vienen en forma de guantazo cuando no de patada en lugar inapropiado. Y entonces uno descubre que los conflictos existen y no se resuelven mirando a otro lado.

c) El atentado a la libertad de expresión

He aquí un conjunto de argumentos a los que, al menos, hay que reconocerles la voluntad de referirse al asunto que se pretende discutir. Reúno en este grupo a todos los que, de alguna manera, calmada o encendida, insisten en que la solicitud de retirada del programa constituye un atentado a la “libertad de expresión”.

Es éste otro dios de nuestros días, que se invoca cada dos por tres y casi para cualquier cosa. Se encuentra uno esta “libertad” hasta en la sopa y eso que la única sopa de la que existe constancia de que se ‘expresa’ es cierta sopa tapihiana a la que me referiré después. En general parece evidente que casi todos estos caballeros no han caído en la cuenta de que organizar una campaña para solicitar la retirada de un programa de televisión es un legítimo ejercicio de la libertad de expresión. ¿Por qué no pueden decir estos señores que consideran inapropiado que este programa se emita? Pueden hacerlo, por supuesto, gracias a esa “libertad” y luego la cadena televisiva hará lo que le venga en gana.

Porque esa es otra cuestión. Uno podrá tener derecho a expresarse, pero no lo tiene (salvo en casos excepcionales contemplados en la legislación) para expresarse en la cadena Cuatro. Sólo los señores de Cuatro, que es una entidad privada, deciden sobre su contenido. Faltaría más. Los demás hemos de contentarnos con mostrarles, activa o pasivamente, nuestro acuerdo o desacuerdo con su programación. Que uno tenga derecho a expresarse no le garantiza disponer de una tribuna mediática.

Lo que han hecho los señores escépticos es exponer las razones por las que consideran que el programa debe ser retirado y se las han hecho llegar a los responsables de la cadena. Se podrá o no estar de acuerdo con ellas, pero su solicitud no los convierte en, “censores”, “inquisidores” o “fascistas”.

...no teneis ningun derecho a erigiros en censores de nada ni de nadie.
Que verguenza de fachas que lo unico que pretenden es sembrar odio y discordia entre todos los que no opinamos como ellos.

(#41)

(Véase aquí, además, un caso claro de contaminación buenrollista, para el que todo “es cuestión de opiniones”)

d) Odio la ciencia (o casi)

Es este un capítulo de lo más diverso, en el que caben desde declaraciones de una candidez pavorosa hasta el escalofriante comentario número #7, que ilustra una de las consecuencias más perniciosas de las prácticas del señor Jiménez..

Yo cada vez odio más y más la ciencia y todo lo que la rodea, y no por la ciencia en si, sinó por ese aire de arrogancia que muchos científicos tienen de "sólo la ciencia es verdad y el resto es mentira total...

Como es lógico, el chaval (por lo visto aficionado a la música máquina, ya que enlaza a la Wikipedia en su firma) está en su derecho de odiar lo que le venga en gana. Pocos derechos más inalienables que ese. ¿Que quiere odiar la ciencia? Pues estupendo. ¿Que quiere odiar “todo lo que la rodea” (sea lo que sea esto)? Pues mejor que mejor. Lo que no es cierto es “ese aire de arrogancia que muchos científicos tienen”. Alguno hay, como en todas partes, arrogante en lo personal, pero todavía no he visto a ninguno que diga que “sólo la ciencia es verdad y el resto es mentira total”. De hecho no hay afirmación más anticientífica que esa y estoy seguro de que este bailongo jamás la ha oído de boca de un científico.

Me preocupa, como a muchos, la consolidación popular de ideas radicalmente falsas. Esta es una de ellas y parece gozar de gran aceptación entre los ikerjimenófilos. En esta guerra escépticos-parapsicólogos suele aparecer con bastante frecuencia. Se aduce una pretendida “arrogancia científica” que nadie ha visto (que, por cuestiones de moda, llaman prepotencia, véase más adelante) y se acaba despreciando un conocimiento que nunca ha pretendido ser exhaustivo ni exclusivo (pero sí “efectivo”) hasta llegar al orgullo por la ignorancia. La prueba de adonde conduce este orgullo por la ignorancia está muy bien ilustrada en la post data al comentario número #137

pd: pienso educar a mis hijos en estos temas para que cuando sean adultos puedan elegir libremente y sin personas "escepticas" que los delimiten o coaccionen con ideas "UNICAS" de la verdad absoluta.

Actitudes que pueden acabar creando monstruos como el tal “adrian”, firmante del comentario número #150 que bien podría ser el educado hijo del anterior aunque más bien parece toda una falsificación, cuesta creer que haya alguien capaz de esto (y no crean que es el único de este corte).

cuatro milenio es interesante, preguntas que te haces, dudas que tienes, gracias a ellos te lo resuelben todo.
historias, que habias oido hablar, y que buelben, pues la verdad es que yo si que creo en esas cosas y no por llevarles la razón sino por que yo vi un alma, que iva direcion a la casa de una familia que al mismo año se les murio un hijo, me quede palido, me se puso la piel de gallina, mi madre preguntando que me pasaba claro yo no le decia nada, por k sino...
total k este programa nunca me lo pierdo y la verdad es que soy fenomenales, me gusta mucho seguir a delante. besos

El verdadero escepticismo, no siempre practicado por quienes se visten con él es exactamente lo contrario a “coaccionar con ideas únicas”. Tiene muchos padres pero quiero señalar tres: la duda metódica, el sapere aude ilustrado y la vieja y ya herrumbrosa navaja de Ockham. Todos están tras el trabajo científico. A pesar de ello, uno lee respuestas como estas:

Los "cientifistas" son unos fanaticos de sus ideales y están cerrados en ellos y no aceptan otra cosa
(Comentario #14)

...es que acaso la ciencia es un dios? acaso creen haber descubierto todo ya?
(Comentario #18)

No sé, pero sospecho, de dónde se han sacado esa extraña idea de que la ciencia es prepotente (palabro de moda, como digo) e incluso “fascista” (Iker: A mi determinado tipo de ciencia me la trae floja. Estoy harto de quienes consideran que lo científico y aprobado académicamente es todo. ¡Qué sandez!; ¡pues claro¡ Que mentir está pero que muy feo es verdad nada científica que hasta los científicos comparten). Supongo que muchos desconocen los “principios sociales” del trabajo científico, el primero de los cuales es que la autoridad no existe (salvo a la hora de repartir el presupuesto, claro). La más excelsa lumbrera no verá respetado su trabajo si es una majadería (salvo en ciertas disciplinas que no nombraré por la cuenta que me trae). Nadie se cierra en ningún “ideal” y si lo hace, lo que no hace es carrera.

Pero si así fuera, si la “ciencia” fuera “prepotente” (lo que sólo significa que abusa de su poder), ninguno de los argumentos en contra del señor Jiménez se vería invalidado. Esa ciencia abusadora nada tiene que ver con la mayor parte de las críticas al señor Jiménez. O sólo tiene que ver en parte, en aquella parte en que se utiliza para ‘demostrar’ (no sugerir) la falsedad de determinados camelos.

Se acusa a muchos críticos de reducir toda explicación a “la ciencia”. No es así. La mayor parte de esos debates no se basan en nada “científico” si no en el olvidado arte de la argumentación, que es algo que usan, por supuesto, los científicos y cualquier otro hijo de vecino con dos dedos de frente y ningún apego por las ciencias. Otra cosa es la ausencia de esos dedos de frente. Pero como, por lo visto, cuando alguien dice una estupidez conviene callarse para no ser acusado de “prepotente“, así nos va.

Además, cuando se dice, por ejemplo: “me parece estúpido negar la existencia de fenómenos inexplicables” (Comentario número #113), lo que de verdad parece olvidarse es que no es lo mismo ‘inexplicable’ que ‘inexplicado’. Si un fenómeno es “inexplicable” ni siquiera las rigurosísimas investigaciones del señor Jiménez tienen sentido. ¿Para qué “investigar” lo que no puede explicarse? Pero si se quiere decir “fenómenos inexplicados” conviene recordar que ese es precisamente el trabajo de los científicos. De no haber cosas inexplicadas no habría prepotentes científicos dando la tabarra.

e) Al que no le guste que no lo vea

Sorprendentemente es de los que más se repiten. ¿Acaso piensan que quienes protestan no han caído en la cuenta de que es posible no ver el programa? No creo tan difícil de entender que protestan no porque no les guste el programa sino por otras muchas razones que, además, se han preocupado de exponer. La carta que dirigieron a la cadena Cuatro decía, entre otras cosas, lo siguiente:

Nos parece lógico que una televisión comercial intente ganar cuotas de audiencia, pero creemos que la lucha por el mercado no debe ser a costa de todo. Al fin y al cabo, uno de los compromisos que siempre ha destacado "Cuatro" es su objetivo de ofrecer a sus espectadores información de calidad. Sin embargo, ejemplos como el del otro día nos muestran precisamente todo lo contrario: falta de rigor, datos que resultan ser incorrectos -cuando no directamente falsos-, y un nulo respeto hacia cualquier criterio de calidad informativa.

También se incluía a dirección del famoso dossier que les enlacé el otro día. No se trata por tanto, de que “al que no le guste que no lo vea” sino de si las afirmaciones de Círculo Escéptico son ciertas, en cuyo caso, soy de la opinión de que Cuatro, y cualquier otra cadena, haría muy bien en suprimir el programa. Y si se le hace un repaso al dossier, y a pesar de que algunas críticas son un poco forzadas, lo cierto es que uno encuentra una apabullante enumeración de despropósitos, mentiras y, ya puestos, bobadas perpetradas por este “investigador”.

Que no se alarme ningún milenarista. Cuatro no retirará jamás el programa. Sus buenos milloncejos le reporta y la televisión, como tantas otras cosas, sólo es cuestión de pasta. Yo seguiré considerando del todo indecente que se programe, pero tampoco me voy a echar las manos a la cabeza por eso.

f) El que ha visto y cree (Juan VI,46-47)

No cabe llamar a esto ni pseudoargumento pero ya que se repite tanto, mejor será contarlo como tal. Me refiero a todos los que refieren una experiencia propia para asegurar las cosas mas peregrinas llegando incluso a la amenaza. Me refiero a cosas como estas:

Hallá cada uno con su vida, segúramente el día de tu muerte te llevarás una gran sorpresa cuando te vas varios metros por encima de tu cadaver. Me gustaría ver entonces dónde quedan todas tus opiniones. A mí no me tiene que contar Iker ninguna experiencia porque la he vivido en primera persona.
(Comentario #35)

olaa yo soy la amiga de no dire el nombre k le paso algo rarro y se quedo muy estrañada porke ella una ves jugo a la huija y se kedo con mucho miedo porke le fue a decir a una de las profesoras si le iva a pasar algo por aver jugado y la profesora le dijo k no le iva a pasar nada porke ella estaba ai k era su angel de la guarda y la chica se kedo muy extrañada y por eso la profesora k le dijo k era su angel de la guarda le dijo como llamaban de pequeña a algunos de sus abuelos yo no se como sigue esta historia pero la profesora conoseria a las abuelas de la niña de pekeñas¿¿?¿¿?¿? ¡¡¡¡k intriga¡¡¡¡¡¡¡ pero la niña desde ese momento no llegó a jugar mas
(Comentario #155)

...si no crees en la parpsicologia, ni en el ocultismo NO SIGNIFICA QUE NO EXISTA GILÍ, porq yo lo he vivido sabes?, he visto cosas que ha muxa gente le hubiera traumatizado, pero claro, como el señorito o señorita es esceptico, pues no existen no? PUES NO!!!!! existen y yo las he visto, y te digo q como por tu culpa quiten cuarto milenio, voi y te descalabro y te ROOOOOOOOMPO LA CABEZA
(Comentario #192)

Cosas que añaden la sordera a la ceguera habitual en la discusión. Bien es cierto que el que hace el número 155 hasta a mí me parece paranormal. Es empeño obstinado el que padecen y resultan, creo, los más alejados de lo que es una discusión.

g) El bipolar

El bipolar no es propiamente una clase de argumento sino un individuo que los mezcla todos y pasa de uno a otro con demasiada facilidad, tanta que cuesta entender por donde va o quiere ir. Un ejemplo paradigmático es el que hace el número #172

Cuanto mas puntos de vista conozcas, más te acercarás a la verdad (la que sea). Tan estúpido es el que cree ciegamente como el que no cree. Conocer es saber, capullos. Voy a recoger firmas para endiñarle un pollazo a tu madre.

Sobran las palabras. Por sobrar, sobra el comentario entero.

h) La simple descalificación

Es decir todos aquellos que apelan a la condición de los críticos. Si Javier Armentia apareció en el programa “El Castillo de las Mentes Prodigiosas” (cosa que, al parecer, hizo), sus críticas quedan invalidadas. Ya hemos hablado aquí de los argumentos Ad-Hominem y no creo necesario abundar en ello.

i) El indeciso

Me refiero con este término a todos aquellos que viene a decir “yo no creo pero algo ha de haber ¿no?”. Insisto, están en todo su derecho a creer en que hay algo más allá de la experiencia sensible. De hecho, la mayoría de los científicos tienen creencias religiosas por extraño que les pueda parecer. Es argumento que no viene al caso porque, una vez más, no se refiere a lo que se le achaca al señor Jiménez. Nadie discute, en este debate, sobre esa posibilidad. Simplemente se dice que los términos en que el señor Jiménez lo hace son erróneos (bueno, se dicen muchas más cosas, pero todo llegará).

j) La defensa a ultranza

Llamo defensa a ultranza a la afirmación gratuita de las bondades cuartomilenaristas. Hablo de cosas como “un programa de cosas, que pasan de verdad y desde unos puntos de vista muy cuerdos” (comentario #13). Como ya he dicho, el dossier que acompañaba la carta de los escépticos contiene una larga lista de cosas que no pasan “de verdad” y muestra que los puntos de vista son cualquier cosa menos cuerdos. No entiendo, por tanto, la empecinada insistencia en que todo lo que se narra son hechos probados sin atender a la larga lista de pruebas en contrario.

k) La emulación de Iker

Confieso no haber visto jamás el programa Cuarto Milenio, todo lo más algunos minutos sueltos. Pero según me cuentan, una de las “señas de identidad” del señor Jiménez es no mojarse en absoluto. Al parecer, afirma que se limita a “exponer los hechos” para que cada uno extraiga sus conclusiones. Esta actitud es emulada por unos cuantos al defender la seriedad del programa.

Exponen datos que existen. Y como dicen en el programa, ellos ni entran ni salen, es lo que hay, y punto, si te lo crees bien y si no tambien.
(#16)

En realidad las cosas nunca son tan simples. Ni siquiera los científicos tienen claro lo que son hechos. El camino que transita desde el “hecho” pasando por la “observación” hasta acabar en “dato” es largo y tortuoso. Cuando pasa por las manos del señor Jiménez, ese camino se convierte en un laberinto que añade música efectista, manos temblorosas y veinte mil elementos teatrales más con intención, a mi entender vana, pero al parecer efectiva, de “convencer”. No es cierto que “no entre”, entra hasta la cocina callando las réplicas y pruebas en contra de lo que afirma.

Por supuesto, hay cosas en las que conviene, por tomar la expresión del comentarista, “entrar y salir”. Las delirantes teorias de conspiraciones para ocultar la inexistencia del viaje a la luna están más que desmontadas desde hace mucho, lo que no impidió al señor Jiménez inaugurar su programa con ellas. Si tan bien se documenta, ¿por qué no parece saber bada de ello? Empeñarse en ver el Sputnik en cuadros renacentistas es algo completamente estúpido que cualquier especialista en arte puede aclararle. Que las entrevistas a testigos que afirman que Lorca no fue fusilado son imposibles cuando estos testigos son en realidad personajes de un relato es algo al alcance de la comprensión de cualquiera. Todo esto son “hechos” y sólo una es la conclusión, aunque les dejo a ustedes extraerla.

Y paro aunque quedan muchos (hay quien cree “por ser gallega”, quien lo reduce todo a un problema de envidia al señor Jiménez e incluso quien afirma que el señor Jiménez es muy guapo). Creo suficiente la lista como para mostrar que nadie habla en realidad del asunto en cuestión, sólo acumulan pseudoargumentos que en nada se refieren al tema de la discusión, que se limita a la afirmación de unos de que el señor Jiménez miente y engaña en su programa y muestra una preocupante falta de rigor. Sólo hay dos cosas de que hablar, de si la acusación es cierta y de si eso justificaría la retirada del programa.

En resumen

Como digo, no he visto en esta ingente cantidad de defensas el más mínimo argumento en contra de las razones para pedir la retirada del programa. Sorprende que entre tantos no haya sido capaz de encontrar ninguno. O, más bien , no sorprende, porque el “éxito” del programa se basa en propagar la ignorancia y la falta de espíritu crítico. Fíjense cuántos hay que acusan a los críticos de ser “cerrados”, de no “querer ver”, cuando son ellos precisamente los que se niegan a ver el contenido del famoso dossier.

Y si no lo quieren ver es precisamente porque las actitudes que éste, y no sólo éste, propalan ayudan y mucho a extender esta ceguera voluntaria. Ya he dicho antes que no creo que haya más oscuridad que antes, sólo es más visible y más contagiosa. Creo, y esto sí es opinión personal, que la retirada del programa del señor Jiménez ayudaría a reducir la propagación de la estupidez. Pero la reduciría tan poco que no sé si compensa el esfuerzo.

En definitiva, está muy bien que se quiera defender Cuarto Mileno, pero creo exigible que se haga desde un mínimo respeto a las reglas de la argumentación, que se responda de forma precisa y veraz a las acusaciones que se le hacen y, sobre todo, que se de una explicación convincente de por qué se le considera un riguroso investigador cuando se ha puesto de manifiesto tantas veces lo contrario.

Si esto no se produce es porque vivimos en una sociedad que formalmente ha hecho de la discusión su mecanismo de funcionamiento (eso es la democracia) pero que no tiene ningún empeño en aprender a discutir correctamente. Ya me dirán si están de acuerdo y, de estarlo, si les parece grave o no.

Breve excurso alternativo concebido para mitigar la ofensa a doña Ana
(Dedicado al señor Bardamu, a quien hace tiempo le debo una respuesta por lo que él ya sabe)

No vayan a creer que en Tapihi no existen los fenómenos paranormales. De hecho se producen con inusitada frecuencia sucesos que carecen de toda explicación y que tal vez merezcan algún día protagonizar un monográfico cuartomilenarista. Les reseñaré uno de ellos, el que considero más enigmático, asombroso e inquietante con la nada secreta esperanza de que el señor Jiménez lo meta en su saco y un día nos de una grata sorpresa con un reportaje para la historia Me refiero a.

La sopa de babel (también conocida como sopa anti-entrópica).
(Apuntes para un guión televisivo)

(Vista del amanecer tapihiano recordando algunas obras de Archibald Fenster-Parrish)
(Entra música inquietante, Time isn’t Money de Teddy Mars)

VOZ EN OFF: En una lejana isla del Pacífico, tan lejana que cualquiera diría que los espíritus y fuerzas del más allá ni se molestan en visitarla, hemos sido testigos de un suceso sorprendente que escapa a la comprensión de expertos y autoridades del mundo entero. Algo ... (pausa solemne) ... inquietante, insólito, inconcebible, increíble, inverosímil, inaudito; algo que no calificamos de asombroso porque no empieza por “in-“;.algo que lleva muchos años siendo ocultado por parte de los servicios secretos de medio mundo por miedo a las terribles consecuencias que podría tener un uso perverso de sus propiedades; algo, en definitiva, que merece la atención de nuestro programa.

(Imagen de un hidroavión destartalado en vuelo)

Nuestro equipo de investigación, en compañía del profesor Sauerkraut, de la Universidad de Yale Vale (por razones legales hacemos constar que esta universidad no tiene ninguna relación con la Universidad de Yale) se ha trasladado a tan recóndito lugar dispuesto a tomar muchas notas y utilizar muchos ordenadores para dejar claro que sólo nos mueve el rigor a la hora de investigar este fenómeno que, ahora caigo, todavía no les he presentado.

(Imagen del Yatch Club de Tapihi; Marcel Meunier sirve apresuradamente las mesas llevando un delantal lleno de lamparones)

Todos los martes el menú del día del Yatch Club incluye, como primer plato, una sopa de letras que suele hacer las delicias de propios y extraños. Es un simple caldo de basilisco aderezado con unas cuantas, bastantes, letrillas de pasta que, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares, abarcan la totalidad del alfabeto así como los signos de puntuación (si se quiere que lleve cedillas se cobra un suplemento).

(Un caballero entrado en carnes da buena cuenta de un basilisco a la albahaca mientras al fondo Meunier remueve con brío un caldero)

Se trata, en principio, de algo de lo más cotidiano y que no promete nada misterioso o sorprendente.

(Golpe de efecto orquestal, clarines y trompetas asumen el protagonismo)

Pero lo hay. (Pausa dilatada) Por mas que uno revuelva el plato con una cuchara, sobre la superficie siempre aparece un texto perfectamente legible. Este texto no es siempre el mismo, unas veces es un capítulo de Faulkner, otras, de Nabokov e incluso a veces de algún autor desconocido, como un tal Alirio Gutiérrez que aparece día sí día no.

(Imagen de un plato de sopa con la página de un libro. Sobreimpreso, en letra minúscula, puede leerse la palabra: Reconstrucción)

Marcel Meunier, propietario del local anda desesperado porque sus clientes se pasan la comida revolviendo el plato en busca del capítulo siguiente al que han leído y se les acaba enfriando con el consiguiente desprestigio que eso implica. Los capítulos nunca aparecen en el orden correcto y no es difícil que al acto III, escena IV de Hamlet siga algún pasaje del Buscón de Quevedo.

(Plano de Marcel Meunier con cara de malas pulgas blandiendo un rodillo de amasar)

Meunier lo ha probado todo, pero sus intentos por acabar con este problema han resultado del todo infructuosos. Cuando hace tiempo cambió la sopa de letras por una sopa de fideos con arroz comprobó atónito que los textos aparecían en Morse.

(Plano tres cuartos de una morsa por error del editor, que es duro de oído. Tras un fundido, aparece el presentador disfrazado de Indiana Jones pero sustituyendo el látigo por un tirachinas)

Se espera, es verdad que desde hace ya bastantes años, la llegada de rigurosos investigadores que puedan proporcionar una explicación tranquilizadora a tan singular fenómeno o, al menos, tragarse la sopa sin leer nada antes de que se enfríe. Ese y no otro ha sido el propósito de nuestros intensos trabajos a lo largo de varias semanas.

(Plano del profesor Sauerkraut lamiendo el plato vacío y pidiendo que le sirvan más vino)

¿Son los espíritus errantes del volcán Farupiti los que intentan comunicarse a través de la sopa? ¿Se trata tal vez de una tecnología secreta del Ministerio de Educación para aumentar los índices de lectura de la población? No podemos afirmar nada, pero estos son los hechos ... (redoble de tambor) ... así se los hemos contado... (el redoble continúa in crescendo), si quieren saber más... (el redoble se interrumpe abruptamente) ... manden un SMS al número 666 con la palabra SOPA BOBA (45€ por mensaje, IVA no incluido) y veremos lo que podemos hacer.

(Fundido en negro, pero que muy negro).