31 de enero de 2007

Aquí hay tomate

Ahora que los tiempos vuelan la noticia se ha quedado vieja. Ya se habrán hartado de comentarla aunque no de para mucho. Me refiero a los célebres calcetines del señor Wolfowitz, o mas bien a sus orondos tomates.

Al margen de las memeces que han podido oirse por ahí, lo cierto es que los susodichos tomates, dignos de ser premiados en cualquier feria hortofrutícola de alto rango, han eclipsado un hecho de lo más significativo, crucial en mi opinión, para entender algunas de las acciones y derivas de las grandes instituciones.

Me explico: el señor Wolfowitz lleva ¡calcetines grises! La cosa me ha traído a la cabeza otra de mis obsesiones. Si les da por darse un garbeo por la Comisión Europea podran comprobar que tan deleznable atuendo es algo frecuente entre sus funcionarios. Yo llevo tiempo preguntándome si la más que evidente decadencia europea es causa o efecto del hecho de estar administrada por legiones de burócratas con calcetines grises.