15 de febrero de 2007

Cuotas

Hay mucho antigenerista por ahí empeñado en que en todas partes (con la excepción, tal vez, de los conventos de clausura) exista una "representación paritaria" que es la forma de moda para referirse a que haya igual número de hombres y mujeres (y ya puestos y por atenernos a la definición de 'paritario', con los mismos derechos). Yo a todo esto le veo un problemilla, pero antes de entrar en harina será mejor un párrafo exculpatorio aunque, me temo, inútil.

Lo he dicho muchas veces. Por activa y por pasiva, como decía aquel. Por activa: la sociedad discrimina a las mujeres en muchos ámbitos. Por pasiva: las mujeres son discriminadas en muchos ámbitos por la sociedad. Los números cantan y es tan evidente que existe un problema como que precisa de una solución.

Pero eso no concede bula para decir, ni mucho menos obrar, sandeces. El número de mitos y leyendas al respecto de esto, tan asumidos y asumidas como indemostrados e indemostradas, no deja de crecer. De alguno o alguna (e insisto en todas estas redundancias por asegurar la concordancia con las palabras "mito" y "leyenda", no se vayan a confundir) ya hemos hablado aquí. Vaya hoy una pequeña reflexión matemática que no exige más de lo que a uno le cuentan en primero de bachillerato.

En condiciones de completa igualdad y ausencia total de discriminación el acceso de una persona a un determinado puesto sería completamente independiente de su sexo. En términos probabilísticos esto puede expresarse como que la probabilidad de que una persona sea varón en un determinado puesto es exactamente 0,5, igual a la de encontrar a una mujer en ese puesto.

Bajo estas condiciones la imposición de una composición paritaria tiene una consecuencia inevitable: hace muy probables las discriminaciones. Si hubiera que distribuir cien puestos en condiciones de perfecta igualdad, sólo en aproximadamente el 8% de los casos ésta sería paritaria. En otras palabras, 92 de cada cien veces alguien será discriminado por razón de su sexo.

Algo de esto debe haber oído el exótico candidato socialista a la alcaldía de Madrid don Miguel Sebastián, que pretende garantizar en sus listas electorales al menos un 45% de personas de cada sexo. Es evidente que esto corrige bastante la situación anterior. Aunque no del todo, casi el 73% de los casos quedan incluidos bajo esa condición pero un 27% sigue presentando discriminación. En otras palabras, las condiciones del señor Sebastián sólo producen situaciones de discriminación una de cada cuatro veces. Tal vez le parezca poco, tal vez les parezca poco a ustedes. A mí no me parece tan poco, pero es que yo soy muy raro (y conste que no deseo pertenecer a ninguna lista, no me va nada en ello).

A ver si nos entendemos. Una cosa es que al tirar una moneda el número de caras y cruces tienda a igualarse y otra muy distinta pretender que las caras y cruces sean siempre iguales o parecidas en número. Hagan la prueba, ya verán lo poco que suelen coincidir. Existen muchas razones para justificar las acciones de discriminación positiva, algunas de ellas razonables, pero no está de más hacer unos pocos números y pensar en cada caso si la defensa de un colectivo justifica la conculcación de los derechos de un individuo (que, además, tal vez sea mujer).