20 de febrero de 2007

El verdadero ocultismo

No puedo evitar seguir el hilo de mi anterior entrega. Es cierto que poco se sabe de Fortino Samano más allá de esa foto que algunos atribuyen a Agustín Víctor Casasola y otros tan sólo sitúan en su archivo, foto que fue seleccionada nada menos que por Henri Cartier-Bresson como una de las fotos del siglo XX. Pero no es el único personaje oscuro y enigmático de la revolución mexicana. De hecho, Fortino Samano es de los menos interesantes porque su enigma y oscuridad son más bien fortuitos. De otros personajes no sabemos casi nada por propia voluntad de los mismos, el que cerraba mi crítica audivisual es uno de ellos.

De Bruno Traven desconocemos hasta el nombre. Y eso que le conocemos muchos, ninguno de los cuales pasa por ser el auténtico. Se sabe que al solicitar la ciudadanía mexicana declaró ser un tal Traven Torsvan, nacido en Chicago. Algunos creen esta declaración. También se sabe que el actor y anarquista revolucionario Ret Marut, activista en alemania, era con seguridad la misma persona. Algunos lo han identificado con un estudiante de teología llamado Charles Trefny. Otros lo han situado en la guerra civil española. Lo que es cierto es que su secretario personal, Hal Croves, asesoró a John Huston durante el rodaje de El Tesoro de Sierra Madre sin que el director se diera cuenta de que se trataba del propio Traven hasta que se hubo marchado. Otros nombres que se le atribuyen son el del escritor alemán Otto Fiege y el del hijo del fundador de la compañía multinacional AEG, Maurice Rethenau. Hasta se ha llegado a decir que era un hijo ilegítimo del káiser Guillermo. Escribió todas sus obras en alemán, a pesar de residir en México desde 1924 y utilizó tantos nombres que cabe pensar que olvidara cómo se llamaba en realidad. Por eso Enrique Vila-Matas le ha llamado “el más oculto de los escritores ocultos”.