22 de febrero de 2007

Gaspar Felipe de Kalamazoo

Poco o nada se sabe del origen de Gaspar Felipe de Kalamazoo, el extraño escritor afincado en Tapihi. Tradicionalmente se ha asumido que procede de las Filipinas y que el idioma en que se expresa es el Tagalo pero recientes investigaciones han demostrado que esta hipótesis descansa sobre un malentendido. En efecto, parece que lo que a duras penas había conseguido comunicar, esto es, que provenía de una región de locos fue interpretado como prueba de que había llegado desde la región de Ilocos.

Otros han querido ver en su apellido la demostración de su pertenencia a la tribu de los Potawatomi, de cuyo idioma parece proceder tan extraño vocablo aunque lo cierto es que la evidencia en sentido contrario sobre su procedencia es abrumadora. Gaspar Felipe de Kalamazoo, por ejemplo, utiliza siempre el nudo Windsor en sus corbatas, algo impropio de un indio del Mississippi.

En todo caso, desde su llegada a Tapihi en 1962, no ha dejado de escribir en un extraño idioma que nadie comprende, lo que no ha sido obstáculo para que Anastasio Méndez haya traducido al español y dado a la imprenta todos sus manuscritos. En alguna ocasión la imprenta ha tenido a bien no dehacerse de ellos y editarlos. Gracias a ello puedo hoy, aquí, comentar parte de su obra.

Gaspar Felipe de Kalamazoo pasa por ser un autor de textos brevísimos, casi telegráficos. Esta afirmación, no obstante, debe tomarse con alguna reserva porque las traducciones de Anastasio Méndez no siempre guardan la esperable proporcionalidad en cuanto a su extensión se refiere. Parece ser, por ejemplo, que el original de su célebre relato, Silvia, tenía seis folios. Sin embargo fue publicado en estos términos:

Silvia
Harta de que a cada día sucediera el siguiente huyó en la dirección más inesperada.

Silvia, de todas formas, es un caso excepcional entre los textos de Gaspar Felipe de Kalamazoo. La inmensa mayoría parecen ser alegórícos o simbólicos, aunque su sentido último nunca quede claro y siempre muestran o sugieren cierta intención moralizante. Algunos ejemplos ilustrarán este extremo:

Soñar despierto
Soñó que era sombrero antes de descubrirse.

Tinteros
De medias tintas están llenos los tinteros.

Culpables

Se dice que las oraciones impersonales no pueden tener sujeto y yo me pregunto quién lo dice.

No es de extrañar que se hayan derramado ríos de (media) tinta con las más diversas interpretaciones para tan sugerentes líneas. Se le ha comparado con las más excelsas figuras de las letras breves con la excepción de Augusto Monterroso y, por lo visto, ya existen al menos seis tesis doctorales sobre su obra, ninguna de las cuales da cuenta de que todos sus escritos han sido redactados mientras toma las comandas en el Yatch Club de Tapihi, donde trabaja como camarero eventual.