27 de febrero de 2007

Los Diez Mil

Hoy en dia las guerras tiene mala prensa y no parecen estos tiempos para epopeyas a la manera clásica. No hay mas que ver el atroz atropello cometido por Wolfgang Petersen con ayuda de Brad Pitt y titulado Troya, que emitieron hace un par de días por televisión. Todavía me estoy recuperando de los quince minutos que alcancé a ver antes de huir despavorido.

Tan sólo la corresponsalía de guerra goza de cierta aceptación entre el público y se ve rodeado de cierta aura de heroicidad, con lo que son los periodistas los que ahora toman el lugar de los héroes militares. Tampoco es cosa del todo novedosa. En realidad todo está inventado salvo el frigo-ondas, ese aparato que enfría las cervezas en segundos.

Por ejemplo, cuando en la guerra de Irak se le ocurrió a quien fuera o fuese aquello de los embedded journalists no cayó en la cuenta de que la cosa venía de antiguo. El primer corresponsal de guerra de la historia fue también el primer "embedded journalist" y, pluriempleado él, fue más cosas ya que las circunstancias le llevaron a tomar el mando de unas tropas que, todo hay que decirlo, constituían el mayor ejército que había visto el mundo por entonces, la Expedición de los Diez Mil.

Me refiero, claro está, a Jenofonte, pionero entre los pioneros que, entre otras muchas cosas , sentó las bases de la doma clásica de caballos. También fue de los primeros en utilizar sus crónicas y relatos para justificarse, mintiendo en caso necesario, pero sólo en lo tocante a su persona y manteniendo una escrupulosa fidelidad al resto de los hechos.

Por lo que sabemos de él, no gustaba del chaleco multibolsillos.