28 de febrero de 2007

¿Qué celebro?

Cien mil, como los hijos de San Luis, son los hits que el modesto contador de este aún más modesto blog amenaza con marcar en breve. Diez mil o tal vez doce mil, como los de Ciro, son los que estimo que en realidad llegaron aquí con conocimiento de causa. He aquí mi duda ¿Celebro los cien mil o celebro los diez mil?

Mejor será que celebre que sigo aquí más de ochocientos días después de soltar mis primeras letras a corretear por los bosques blogsféricos, cosa totalmente independiente de la redondez de las cifras que muestra el contador.

He pasado un mes como blogger y ahora entiendo por qué su número es tan grande. Es bien sencillo ir largando por ahí lo primero que a uno se le ocurre. Lo que no entiendo es por qué los bloggers no se aburren de leer blogs. Para cruzar comentarios y chascarrillos ya estaban inventadas las barras de los bares que son mucho más recomendables, al menos mientras se siga permitiendo fumar. A mí me aburre muchísimo leer blogs. De hecho leo poquísimos y los que leo no creo que sean, en su mayoría, verdaderos blogs. ¿Alguien cree que las cosas de Alejandro Polanco o de Jaime Rubio, por poner ejemplos bien dispares, tienen que ver con el soporífero universo blogueril?

Yo no, desde luego. Y ya me he aburrido de ser un blogger. Por no hacerles la transición muy traumática, y si las malditas circunstancias me lo permiten, iré poco a poco llevando a este lugar hacia lo que fue desde su nacimiento hasta la llegada de este incalificable año de 2007. Si lo consigo, será cosa verdaderamente celebrable. Si no lo consigo, habré batido el récord mundial de fracasos consecutivos y descorcharemos una botella de champagne.