6 de marzo de 2007

In memoriam


Sube, salta, brinca, canta, llora, ama, odia, ríe, besa, corre, vive… Y después, muere, muere, muere.


Morir: eso sí que es fácil.


– ¿Me pregunta usted que dónde está la Felicidad? Pues mire: siga usted todo esto recto, recto, recto. Y al final.

(José Luis Coll, Cosas Mías, 1976)

Vaya aquí un recuerdo “literario”.

¡Becquer fue un embustero!

Cuando yo tenía dieciséis años, ardorosas lágrimas surcaban mi rostro, cada vez que las Rimas de Gustavo Adolfo Becquer embriagaban mi espíritu con sus cadencias líricas. Pero ayer, de pronto, volviendo en mí de manera casual tan sublime compendio de poemas, me di cuenta perfectamente de que Becquer fue un embustero, un hombre que prometía imposibles, con cuyo procedimiento embaucó, y sigue embaucando, a muchas generaciones de adolescentes.

Veamos:

Elijamos, al azar, una de sus rimas:

«Por una mirada, un mundo;
Por una sonrisa, un cielo;
Por un beso…
¡qué sé yo qué te diera por un beso!»

Becquer promete a su desconocida amada «un mundo por una mirada». ¿Cómo es posible dar todo un mundo por una simple mirada? Además, ¿quién es Becquer para disponer del mundo, por una mirada? Imaginaos que todos prometiéramos ese mundo por una mirada. Tendríamos que despedazarnos, y así solamente el vencedor dispondría del mundo para cambiarlo por la añorada mirada.

Pero no conforme con esto, Becquer añade: «Por una sonrisa, un cielo». ¿Y esto? ¿No sobrepasa esta promesa todo cálculo de cinismo? ¿Nada menos que un cielo! O sea: Becquer dice a su amada: «si me sonríes, te doy un cielo». Ya sabemos que ella no le sonrió, pero ¿qué hubiera hecho Gustavo Adolfo si ella le llega a sonreir? ¡Se hubiera visto en el más espantoso de los ridículos! Y después, lógicamente, tendría que haberle aclarado su impetuosidad con excusas baladías: «yo no quería decir exactamente “un cielo”, yo me refería a… en fin… no sé cómo explicarte…» etc.

Por esta razón, al final de la rima, Gustavo Adolfo se ve cogido en su propia trampa: «Por un beso… ¡qué sé yo qué te diera por un beso! ».

¡Naturalmente que no podía saberlo! Si por una mirada había prometido un mundo, y por una sonrisa un cielo, ¿qué podría ofrecer por un beso? ¡Nada! ¡Claro que nada!

¡Así acabó él! Como acabo yo ahora. De cualquier manera.

(José Luis Coll, 1931-2007)