18 de abril de 2007

Cambio radical

Tengo para mí que una emergencia no puede durar dos años y medio. En vista de que este viene a ser el tiempo que estas salidas vienen durando no puedo evitar pensar que algo falla y que quizás sea esa la causa de que tan difícil se me haga retomar el teclado para dispensar sinsentidos como ha venido siendo habitual desde aquel lejano dia de 2004. Por eso he creído llegada la hora de un cambio radical.

Dice el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua que «radical» es lo fundamental, lo perteneciente o relativo a la raíz. Es algo que siempre me ha parecido palmario pero por lo que se ve o va viendo no se lo resulta a muchas personas que ya van formando legión. Así, día sí y dia también prensa y televisiones insisten en calificar de radicales a los análisis más superficiales y a las personas que los plantean. Y eso por no hablar de cierto programa televisivo que celebra lo accesorio como fundamento de la realidad humana.

Pues no. Para ser verdaderamente radical hay que plantearse el fondo, las causas úlimas, la raíz de las cosas en defintiva. Supongo que por eso le gustaba tanto la palabra a Ortega quien, por cierto, estoy seguro de que no entendería la actual apropiación del palabro por antiglobalizadores, yihadistas y batasunos. Aún menos comprendería el pretendido radicalismo de ponerse la nariz respingona, algo no muy alejado de, por ejemplo, llevar bigote postizo.

Puesto a ser radical en la medida de las posibilidades de este modesto rincón no veo otra forma de empezar que negando la emergencia original. Las emergencias son por definición azarosas, accidentales. Son, por tanto, puntuales y no permanentes. La mía, que ya amenaza con ser eterna, sigue aquí, acompañando mis días y, en consecuencia, ya va siendo hora de negarle la condición de eventual. Nada contingente está en la raíz de la necesidad de escapar a través de estas líneas que, es obvio, son salidas pero no de emergencia. No hay mucho más que justifique el cambio de título. Tampoco creo que haga falta, demonios.

Además, para cambios radicales hay mejores ejemplos. Se me ocurre, porque me ha tenido ocupado durante los últimos días, uno que viene muy a cuento, me refiero a Mr. Harry Shearer, un caballero al que aquellos que ven The Simpsons en versión original habrán oío más de una vez, pues pone las voces de unos cuantos personajes. Nada menos que las de Montgomery Burns, Waylon Simthers, Ned Flanders, el reverendo Lovejoy, Kent Brockman, el doctor Hilbert, el doctor Marvin Monroe, Lenny, el director Skinner, Otto y Rainier Wolfcastle entre otras. Pero vamos a lo que vamos. Aquí les presento una fotografía de Harry Shearer junto a otra de Derek Smells, el bajista del grupo de rock duro Spinal Tap.


Harry Shearer - Derek Smells

Como ven se dan un aire, como si hubiera un extraño hermanamiento desoxirribonucleico. No es de extrañar porque Harry Shearer y Derek Smells son la misma persona, cambio radical mediante. Spinal Tap, informo a aquellos que no lo sepan, es una banda ficticia que protagoniza un falso documental rodado en 1984 por Rob Reiner (sí, el de Cuando Harry encontró a Sally) y que lleva por título This is Spinal Tap. La película, muy recomendable, narra la gira americana del grupo para promocionar en los Estados Unidos su album titulado Smell the Glove. No se la destriparé para que puedan disfrutarla, pero les señalo que el éxito de Spinal Tap les ha llevado, por ejemplo, a actuar en 1992 en el Royal Albert Hall londinense difuminando en gran medida los límites entre ficción y realidad.

Bandas ficticias ha habido unas cuantas, Más o menos por la misma época en que nació Spinal Tap (la película, el grupo al parecer se fundó en 1967) surgió Bad News, un grupo creado para un episodio de The Comic Strip. Años antes, en 1978, Eric Idle se sacó de la manga The Rutles, una parodia de los Beatles. Los propios Spinal Tap suelen llevar como teloneros a un grupo folk, The Folksmen, integrado por las mismas tres personas (Christopher Guest, Michael McKean y Harry Shearer), otro cambio radical mediante, por supuesto. The Folksmen han llegado a disfrutar de su propio falso documental, A Mighty Wind, en el que aparecen otras formaciones folklóricas igual de ficticias, como The New Main Street Singers o Mitch & Mickey.


The Folksmen - Spinal Tap

La verdad es que a estos muchachos les gusta esto de los falsos documentales ya que han rodado muchos otros. Uno de ellos sobre un concurso canino, Best in Show. Otro sobre la producción de un musical amateur en un pequeño pueblo de Missouri, Waiting for Guffman. En fin, que hay para no aburrirse, así que no se aburran.

En todo caso, andar expuesto durante los últimos días a todo esto me ha hecho pensar un poco hasta llegar a una conclusión personal. Sé que son muchos los que creen que el asunto de la copia me interesa o fascina. Yo no me cuento entre ellos. Ahora sé que lo que me fascina o interesa es la suplantación, de la que la copia es versión pobre y anodina, y la multiplicación de los mundos. Por eso Tapihi, por ejemplo, con su Teddy Mars que nunca ha tocado en el Royal Albert Hall, de momento.

Por eso también he disfrutado sobremanera la lectura del Sartor Resartus de Thomas Carlyle que Alba Editorial ha editado hace poco en traducción española. Se trata de un sesudo ensayo sobre la vida y obra de un filósofo alemán dedicado a la “filosofía del vestido” al que mis dos profesores descubridores del secreto tapihiano deben no pocas cosas. Qué decir de don Eduardo Torres, al que siempre recurro en busca de luz.

Todos ellos ofrecen o muestran un mundo alternativo. Algunos llaman a eso posmodernidad y se ponen melodramáticos hablando de inocencias perdidas. No cuenten conmigo para eso. En el fondo sólo hay una cosa, miedo. Eso es lo que hay en la raíz de estas salidas. Ya veremos si el cambio es radical o no.

P.S. Disculpen la tardanza pero no pueden ni imaginar lo que me cuesta escribir desde hace un tiempo.