1 de octubre de 2007

Vivian y Jimmy

Más que una idea es un sentimiento, pero muchas, tal vez demasiadas, son las historias que merecen ser ciertas. Y algo de ello hay, sospecho, en las íntimas razones de todo aquel que se pone a juntar letras por más que nocilleros y antinocilleros se tiren los trastos a la cabeza en sus vacuas disputas. Queden allá sus trifulcas y pensemos aquí, por matar el tiempo, en historias que merecen ser ciertas aunque estén llenas de tópicos o de elementos fantásticos. A mí, en concreto, me suelen gustar las historias que reúnen lugares comunes y hechos increíbles. Ya sé que son fáciles de inventar, pero soy así de simplón y ya es tarde para que me arrepienta.

Cabe imaginar, por ejemplo, un bluesman en Chicago, o en Indiana hacia finales de los años cincuenta cuyos problemas con el alcohol son tan graves que es incapaz de recordar la letras de sus canciones. Por darle calidez humana a la historia, cabe también colocar una sufrida esposa a su lado que le va soplando lo que tiene que cantar y a la que se puede oir haciéndolo en muchos de sus discos. Y por darle a la cosa un toque surrrealista, cabe poner al gran Albert King, influyente figura de la guitarra de blues, tocando la batería en su banda. Y ya puestos, también cabe fantasear con que la dueña de la pequeña compañía discográfica para la que graba mantiene un acuerdo secreto con la policía local para que detengan al músico el día antes de cada sesión y le hagan pasar la noche en el calabozo para garantizar que llegue sobrio al estudio. Al final, tanto por razones de efectividad narrativa como de justicia poética, lo suyo es que alguna prominente figura del mundo del Rock and Roll, pongamos por ejemplo, los Rolling Stones, le rindan homenaje y graben sus canciones. Con todo esto puede arreglarse una buena historia de esas que merecen ser ciertas. Sobre todo si le añadimos pintorescos elementos fantásticos como, por decir algo, que esa pequeña compañía discográfica consiguió la distribución en exclusiva de los discos de los Beatles en los Estados Unidos porque inguna otra vió negocio en ello. Intentémolso.

Jimmy nació en Mississippi, unos dicen que en Dunleith y otros que en Leland, en 1925, cinco años antes que Vivian, que había venido al mundo en Tinica, también en Mississippi. Sus caminos, sin embargo habrían de cruzarse muy lejos de allí. Vivian pronto se trasladó a Gary, Indiana, Allí, años después, se aficionó a escuchar el programa radiofónico de Al Benson, que se emitía desde Chicago. Cuando a este se le ocurrió organizar un concurso para encontrar una pareja de disc jockeys jóvenes, Vivian no se lo pensó dos veces.

El concurso consistía en redactar un breve anuncio y presentarlo en una audición que tendría lugar en una serie de hoteles repartidos por el país. Cuando Vivian se enteró de la convocatoria eran las séis menos diez del día en que vencía el plazo. La audición tendría lugar a las siete, así que tomó unas apresuradas notas sobre un anuncio de una tienda de ropa que el propio Al Benson estaba leyendo en ese momento y se presentó al concurso.

No habría historia si Vivian no hubiese ganado el concurso. Pero lo ganó, al igual que lo hizo otro joven llamado Sid McCoy. Como premio, cada uno de ellos hubo de hacerse cargo de un pequeño show radiofónico de quince minutos que obligó a Vivian a trasladarse temporalmente a Chicago.

Jimmy había aprendido a tocar la guitarra y la armónica allá en su tierrra natal, pero en 1943 se trasladó a Chicago en busca de mejores oportunidades. Tampoco sería Chicago el lugar donde habría de cruzarse con Vivian. Poco después de llegar, las autoridades lo alistaron en el ejército y lo mandaron a ver mundo con motivo de la Segunda Guerra Mundial. Se licenció o lo licenciaron, que uno nunca sabe quién es el sujeto de tales actos, en 1945 y regresó a Mississippi para casarse con Mary, su novia de toda la vida, de la pasada y de la que había de venir. Decidido a sentar la cabeza, logró un empleo en una de las principales industrias cárnicas del país, la Armour & Co, más concretamente en su planta de envasado en Gary, Indiana.

Por aquel entonces Vivian, que se había casado con James Bracken, había vuelto a Gary y regentaba junto con su marido una tienda de discos. Su programa de radio había sido un éxito entre otras cosas porque programaba música que era prácticamente imposible de encontrar en disco. Por eso a Sid Mc Coy, que también se había trasladado a Gary, se le ocurrió sugerir la idea de que organizaran una compañía discográfica. Vivian y James se tomaron la idea con entusiasmo y pronto nació la Vee Jay Records.

Jimmy se había hecho un cierto hueco en la escena musical local y se había unido a una banda llamada The Gary Kings en la que tocaba la batería el que después sería el gran, en todos los sentidos, Albert King. En aquellos días, si uno quería ser alguien en el mundo del blues, lo suyo era firmar un contrato con Chess Records. Jimmy lo intentó sin éxito, como tantas otras cosas.

Mientras tanto, el matrimonio Bracken había estrenado su compañía grabando con una banda llamada The Spaniels, y andaban a la caza de un segundo artista. Fue entonces cuando dieron con Jimmy. En junio de 1953 entraba por vez primera en un estudio de grabación. De aquella sesión salió su primer single High and Lonesome, que se editó a la vez que el Baby It’s You de The Spaniels. Ambos se vendieron más o menos bien en el mercado local, lo suficiente para que Vivian y James firmaran un acuerdo de distribución con una compañía de Chicago que consiguió colocar a The Spaniels en el top ten de las listas de rythm and blues.

Pero Jimmy bebía mucho y siempre se presentaba borracho en el estudio de grabación. Mary, su mujer, se veía obligada a irle apuntando las letras para que las pudiera cantar. Muchas veces, en las grabaciones finales, se la podía oir perfectamente avanzando el siguiente verso. La situación llegó a tal extremo que en Vee Jay se decidió acordar con la policía que le detuvieran el día antes de cada grabación. Muchos años después Calvin, el hermano de Vivian, declararía: nunca se lo conté porque no creo que apreciara mucho que le hicieramos pasar la noche entre rejas, pero era la única manera que encontramos de hacerle llegar al estudio sobrio.

En 1957, tras una serie de ciertos éxitos, Jimmy desarrolló una epilepsia que fue tomada por el delirium temens debido a sus cogorzas. Pasaron muchos años hasta que alguien dio con el diagnóstico correcto y pudo tratar la enfermedad.

A principios de los años sesenta unos mozalbetes británicos andaban buscando compañía discografica con la recomendación de los Beatles. Habían grabado una serie de maquetas que incluían muchos de los temas de Jimmy: “Ain’t That Loving You Baby”, “Bright Lights, Big City”, y “Shame, Shame, Shame” entre ellos. Finalmente Decca les editó un EP que incluía otro tema de Jimmy, “Honest I Do”. Se llamaron The Rolling Stones. Aún se les conoce por ese nombre.

Pero mientras en el Reino Unido el blues y el rythm and blues contaba cada vez con más seguidores, en los Estados Unidos la música que se hacía a este lado del Atlántico despertaba muchos recelos. EMI, la compañía que editaba a los Beatles no había conseguido que su socio en América, Capitol Records, se aviniera a publicar unas cuantas grabaciones de sus artistas y en un acto desesperado se las ofrecieron a Vee Jay. Firmaron un acuerdo para editar a Frank Ifield y tuvieron la osadía de preguntar: ¿tenéis a alguien más?. Bueno, –les respondieron– tenemos a otro grupo que ha rechazado Capitol. Y así, Vivian y James editaron en los Estados Unidos Love Me Do, Please Please Me, From Me To You,… Los de Capitol no tardaron mucho en darse cuenta del error y, con ayuda de EMI, demandaron a la Vee Jay cuando esta pretendía editar todo un LP con los éxitos de los Beatles.

A día de hoy Vee Jay Records sigue existiendo, pero no publica nada y se limita a licenciar su catálogo a otras compañías. Jimmy, gozó de un cierto reconocimiento gracias a los Stones hasta su muerte en 1976. Merece la pena bucear por todas sus grabaciones, las de Jimmy y las del resto del catálogo de Vee Jay.

No me digan que no es una historia que merece ser cierta.