15 de enero de 2008

Himnos motivantes

Teniendo en cuenta lo que cobran, uno estaría tentado de pensar que los futbolistas de élite tienen de todo, que no les falta de nada. Para regocijo de envidiosos varios hemos podido saber en fechas recientes que no es así, que cuando menos carecen de una cosa: una letra que cantar cuando suena el himno nacional en las competiciones deportivas internacionales. En vista de que semejante carencia resulta intolerable, ya que priva a nuestros sufridos y esforzados deportistas de la necesaria y fundamental motivación, lo que tiene como triste consecuencia que nuestros chicos partan con desventaja allá donde salten al campo, que es como se llamaba antes al actual ‘terreno de juego’, parece urgente tomar cartas en el asunto. Seamos sinceros, ¿cómo demonios puede uno estarse hora y media correteando por ahí con convicción sin haber vociferado antes de forma sentida los valores nacionales?

Ya estarán todos enterados, tan objetivas e interesantes razones han llevado nada menos que al Comité Olímpico Español a desarrollar un altruista proyecto de esos que ahora llaman ‘iniciativas’. La idea es muy simple: componer una letra para el himno nacional a ver si así dejamos de hacer el ridículo en los campeonatos mundiales de fútbol.

Pero claro, no hay musa del deporte o, al menos, Hesíodo, que se molestó en contarlas y nombrarlas, no fue capaz de localizar una. En consecuencia, en tan alto Comité no hay nadie mínimamente dotado para tan alta tarea. Resolvieron allí, por tanto, recurrir a los servicios de cierta sociedad que ya conocen y que en su día califiqué, creo que atinadamente, de ‘Sociedad de la Cornucopia’. Esta no mentada sociedad (me desagrada escribir las infaustas cuatro letras, qué le vamos a hacer), que asegura con contundencia allá donde puede, que es en casi todas partes, que representa la cultura, reúne, al parecer, autores en número suficiente como para pretender hablar en nombre de todos los existidos, existentes y hasta por existir. O eso deduzco yo de cada declaración pública que se hace en nombre de esas cuatro letrillas. A pesar de ello, de tan ingente nómina de artistas y creadores (que son, al parecer, cosas distintas), para resolver tan intrincada cuestión se han visto obligados a recurrir a la inspiración de un desempleado de nombre Paulino y de apellido Cubero, que ha sido el sorprendente vencedor del certamen, concurso o lo que sea que han convocado (ojo, sin necesidad de enviar mensajes SMS a 1,2€ el mensaje con un mínimo de dos mensajes, lo que ya tiene su mérito habida cuenta de la condición de los insaciables convocantes).

Uno, yo mismo sin ir más lejos, se pregunta por la razón de semejante decisión. ¿Acaso entre la legión de iluminados representantes de la cultura no había nadie capaz glosar las excelencias patrias con las obligadas dosis de épica y sentimentalismo? Mucho me temo que el problema no va por ahí, que la cosa es muy otra y que basta ponerse a componer una letrilla para darse cuenta de donde está el quid, el meollo, el busilis: no hay forma humana en los tiempos que corren de componer un himno sin resultar ridículo.

En el siglo XIX todavía era posible escribir cosas como el arranque del himno nacional mexicano debido a Francisco González Bocanegra.

Ciña ¡Oh Patria! tus sienes de oliva
de la paz el arcángel divino,
que en el cielo tu eterno destino
por el dedo de Dios se escribió.

Hoy día no es tan sencillo. A los himnos les pasa, como al resto de los textos, que fueron escritos cuando fueron escritos. Eso los explica y, en ocasiones, los salva. Todos sabemos que el Quijote de Pierre Menard es muy superior en estilo e intención al de Miguel de Cervantes. También sabemos que algo como el himno mexicano, así en bruto, sin la pátina de la historia, es hoy a todas luces inadmisible. Si tienen interés por todas las variantes del género, pueden darse un paseo por aquí. Seguro que descubren muchas perlas (el himno de Bután, por ejemplo, parece sacado de El Señor de los Anillos; yo, particularmente, le encuentro su encanto a los himnos de los estados pequeñitos como Vanuatu y me hace cierta gracia la coña del Himno de Madrid).

Seamos claros. Hoy día no hay quien haga un himno sin mover a la risa. Sobre todo si le da por respetar los cánones clásicos y se saca de la manga batallas, héroes, sangre, caídos o enemigos, por no hablar de cadenas, esclavitudes y demás fanfarria altisonante. Son todos ellos elementos impropios de estos tiempos de corrección política e ideas bajas en calorías. Por eso don Paulino se ha visto obligado a proponer un himno en alpargatas. Arranca su victoriosa propuesta de aquesta manera:

Viva España!
Cantemos todos juntos
con distinta voz
y un solo corazón

El Viva España, expresión popularizada por la belga Christiane Bervoets (y luego por otros), no acaba de convencer por estos pagos. A unos recuerda tiempos oscuros y a otros poco o nada les dice. Tal vez habría sido más castizo escribir ¡Olé España!, pero supongo que es opción que también habría contado con sus detractores. Además, de alguna forma había que empezar y, como dijo un empleado de la limpieza municipal preguntado sobre la cuestión, no es cosa de decir ¡Viva Portugal!

Lo de cantar con distinta voz es cosa que no acaba de quedarme del todo clara. Una interpretación benévola y, en consecuencia, equivocada, podría ser que el autor aconseja que su letra se cante a cuatro voces, con sus sopranos, sus contraltos, sus tenores y sus bajos, pero me da en la nariz que don Paulino no iba muy en plan polifónico. Más bien me supongo que tiene que ver con esa insistencia, tan del gusto actual, en que somos todos diferentes, la pluralidad que le dicen. Si nos ponemos literales es una verdad como un templo. Basta comparar las voces de Gracita Morales y Constantino Romero para convencerse, aunque hacerles compartir el corazón me parece una aberración médica por más que parezca estar en consonancia con la cada vez más necesaria eficiencia energética. Lo adecuado para cantar con distintas voces es hacerlo con un sólo director, pero reconozco que haberlo hecho constar así en el himno habría sido muy mal interpretado por muchos (yo entre ellos, por supuesto).

Pero sigamos con la propuesta olímpico-autoril. La cosa sigue como sigue.

¡Viva España!
desde los verdes valles
al inmenso mar,
un himno de hermandad

No sé ustedes, pero cuando a mí me hablan de valles verdes siempre pienso en la cornisa cantábrica. Y como ésta tiene el mar al ladito, a tiro de piedra que se dice, escuchar algo como ‘desde los verdes valles al inmenso mar’ me sugiere algo minúsculo, diminuto, insignificante. Si esto es lo que pretendía, el autor ha dado en el clavo: ¡qué poca cosa somos!

Ahora bien, si la intención era la contraria, evocar más o menos la totalidad del territorio no puedo menos que afirmar que el tiro le ha salido por la culata. Recuerdo una cancioncilla irlandesa que intentaba, de mucha mejor manera, algo parecido. Decía:

From Bantry Bay up to Derry Quay
And from Galway to Dublin town

Basta con mirar un mapa de Irlanda para percatarse de que su autor se ha molestado en localizar cuatro puntos extremos entre los que, con buena voluntad, puede imaginarse o suponerse que está la isla. En nuestro país, por ejemplo, la cosa podría haber sido más o menos esta (que ahorra el pegote ese del ‘himno de hermandad’ sin sentido ninguno en la frase).

¡Viva España!
Desde el golfo de Cádiz
hasta cabo Creus,
de Gata a Ortegal.

Vaya por delante que considero esta última propuesta una solución poco satisfactoria. Los jóvenes de hoy día, supongo que algunos futbolistas entre ellos, desconocen de forma enciclopédica la geografia de España. Poco podrían motivarse con la mención de accidentes geográficos que les resultan tan desconocidos como el cabo Leeuwin o las islas Aleutianas, lo que daría al traste con la intención inicial y poco sudarían la camiseta o como se mente ahora el esfuerzo deportivo (eso sin contar a baleares, canarios, ceutíes y melillenses, que seguro ponían el grito en el cielo, que es deporte nacional, al saberse excluídos).

Acabada la primera parte del himno, conocida como la del chunda chunda, es momento de enfrentarse a la segunda, la del liro lariro. Proponen don Paulino y sus mentores lo siguiente:

Ama a la patria
pues sabe abrazar,
bajo su cielo azul,
pueblos en libertad

Los pocos fieles de este rincón saben que estoy poco dotado para la poesía. A eso achaco mi incapacidad para entender qué demonios significa eso de que la patria ‘abraza pueblos en libertad’ y mucho menos por qué diantres semejante abrazo constituye una razón para amarla. Ya sé que el amor es ciego y las más de las veces impulsivo e irracional, características a las que en general apelan todos los himnos, pero las cosas sin sentido no veo forma de que motiven para meter goles.

Lo del cielo azul tampoco acaba de gustarme y son varias las razones que puedo aducir más allá de la crítica al manidísimo lugar común (el himno de Chile, por ejemplo, empieza diciendo Puro Chile, es tu cielo azulado; no es el único y diríase que, en general, en las patrias nunca llueve). Por ejemplo, hay partes de la patria, como el satélite Meteosat, gloria indiscutible de la tecnología nacional, que no se encuentran bajo su cielo azul sino sobre él. ¿A santo de qué dejarlo fuera del himno cuando tan orgullosos nos tiene?

También creo merecedor de mención el uso del posesivo. En pleno siglo XXI hablar de ‘su’ cielo azul es forma cursi de referirse al espacio aéreo, pues sólo a ese puede la patria llamarlo suyo. Es cosa que, a mi modesto entender, exige aclarar si se incluye aquel situado sobre las aguas territoriales sujeto a control de tráfico aéreo, en cuyo caso, además, sería aconsejable precisar si éstas, las aguas, se limitan a la Zona Contigüa (12 millas) o por el contrario abarcan la llamada Zona Económica Exclusiva (200 millas).

Por otra parte, la supuesta intención de hermanar, ya sea a los pueblos ya a los españoles, choca con esta extraña formulación (no sé yo cómo se tomarán algunos que yo me sé este abrazo de oso). No en todos los rincones patrios el cielo es azul. En algunos es tradicional otro color. Baste recordar a cierto grupo vigués que versionó el Sweet Home Alabama de Lynyrd Skynyrd y supo traducir con muy buen criterio los versos Sweet home Alabama / where the sky is always blue por Miña terra galega / donde el cielo es siempre gris, todo un himno (lo cierto es que los gallegos parecen mostrar cierto talento en la composición de himnos, pues no otra cosa es este himno de Ferrol). No sería de extrañar que muchos gallegos se sientan excluídos de los cánticos de don Paulino y ya se sabe lo que piensan los gallegos de aquellos que no les entienden. Se sabe porque el poeta Eduardo Pondal lo dejó escrito en unos versos que hoy forman parte del himno gallego.

Mas, sós os ignorantes,
E férridos e duros,
Imbéciles e escuros
No-nos entenden, non.

Pero sigamos con la letra de don Paulino Cubero porque si no, no acabaré nunca y tengo otras muchas cosas de qué ocuparme. El Grand Finale, que recuerda vagamente la propuesta de otro grande la de corchea y los bemoles, es como sigue:

Gloria a los hijos
que a la Historia dan
justicia y grandeza
democracia y paz.

Así pues, para acabar, don Paulino, con buen criterio a mi juicio, parece prescindir de la patria inmarcesible y se fija en las personas, en concreto en aquellas que dan justicia, grandeza, democracia y paz. Podrían haber sido otras, no sé, por ejemplo las que dan igualdad o las que dan que hablar, que cada vez son más estas últimas, pero no soy quién para proponer, imponer o disponer criterios para repartir glorias. Lo preocupante es que todas esas cosas, respetables y valiosas sin duda, no se las dan a la patria gloriosa, sea lo que sea eso o, lo que sería más recomendable, a las personas que la disfrutan o padecen. No, se las dan nada menos que a la Historia, así, con mayúsculas, como para dejar claro que se refieren a esa cosa importante y reverencial que tanto agradaba a Hegel.

Se habrán fijado, no obstante, en que a tan ilustres prohombres se les llama ‘hijos’. De la patria, se supone. No es por ponerme quisquilloso en exceso pero tampoco es cosa muy de mi gusto. Nunca he entendido esa extraña obsesión maternal con la patria. Diríase que son muchos los que se sienten amamantados por ella. A poco que uno lo piense lo lógico es usar la figura contraria, es la patria la que en todo caso es hija nuestra. Es obra humana, la hemos hecho nosotros, con o sin cánticos, y no precisa de batallas, héroes, sangre, caídos o enemigos para existir. Será por eso que yo no la llamo patria sino estado, estado del que no somos hijos sino responsables. Así nos va.

Ya saben, y aquí lo he comentado en alguna ocasión, que soy poco amigo de los himnos. Que el himno español careciera de letra siempre me pareció una ventaja sobre los demás, pues el ridículo en los actos públicos queda reducido a la mitad. Basta ponerse la mano en el pecho y poner cara de circunstancias y se ahorra uno andar canturreando sandeces. Pero ya que la preocupación es tanta y que, por lo visto y oído, son muchos los insatisfechos con la propuesta de don Paulino, he tomado la decisión de colocar mi granito de arena en esta montaña de mediocridad. Y así, he dedicado un par de horillas a componer una letrilla que espero le sirva a alguien para motivarse.

Escribir la letra de un himno es cosa que, en mi modesta opinión, ha de hacerse con sentido práctico. Es un error garrafal andarse con poesía elevada, principios, valores y demás morralla. Lo suyo es tomar ejemplo de los publicitarios. Al fin y al cabo se trata de colocar un mensaje lo más de tapadillo que se pueda. Mi primera tarea fue, en consecuencia, decidir qué somos; en segundo lugar qué, de todo eso que somos, es como para estar orgulloso y puede cantarse; en tercer lugar cuál es el público objetivo que, por ponerme interesante, llamaré target, y, por último, cuál es la manera más directa de llevar el mensaje al target sin ofender las sensibles conciencias ciudadanas. Sólo cuando se ha investigado todo eso puede uno sentarse e invocar a las musas. No les aburriré con mis disquisiciones. Creo que el resultado final las hace muy evidentes. Aquí lo tienen (reconozco que no hace sombra a la versión de Gomaespuma).

Propuesta desinteresada de Himno Español Motivante

¡Caña España!
La cuna de la siesta
y del buen jamón,
la fiesta, el botellón.

¡Caña España!
¿Cómo va lo mío?
Haga usted el favor.
¡No sabe quién soy yo!

Somos la leche,
la bomba, el cañón,
reyes del mogollón
con mala educación.

Caiga quen caiga
alzaremos la voz
para vociferar
¡ya lo decía yo!