8 de abril de 2008

Desintegración vertical

La pasada semana no me fue posibe comparecer aquí como tengo por costumbre. Un problemilla, no sé si grave pero sí gravitatorio, me lo impidió. Por razones que ni viene al caso mencionar ni resultan difíciles de imaginar, mi maltrecha columna vertebral se declaró en huelga al considerar que la fuerza con la que el planeta la atraía hacia el suelo (no sé si saben que es directamente proporcional al producto de sus masas, que es mucho) había superado lo soportable. Y un servidor, que hasta entonces ejercía de soportado, se vio privado de la necesaria verticalidad, resultando así imposibles tanto el correcto desarrollo de las actividades más cotidianas como el ejercicio combinatorio de mal gusto que publico aquí con cierta periodicidad.

El resultado fue el esperable. Entre cuatro y cinco días perdidos. Al menos perdidos para determinadas causas y ganados para otras. Así, entre los dolores y la sobremedicación, he tenido tiempo para pensar, una de las pocas actividades que pueden prescindir del fundamento vertebral. Y entre los muy diversos objetos de mi pensamientos se ha contado, cosas de tener que matar el tiempo por obligación, este blog y, sobe todo, lo poco que últimamente me satisface (supongo que a ustedes les ocurrirá cinco cuartos de lo mismo).

Sinceramente, cada vez le veo menos sentido a esto. Sé que hace tiempo que no publico aquí nada mínimamente presentable. He intentado mantener viva la criatura no sé muy bien por qué, pero he visto claro que no le estoy haciendo ningún bien. Es hora de desconectarle el respirador a ver qué pasa. Es buen momento para hacerlo ahora que he padecido los rigores de la censura (de algo que, cuando menos, cabía calificar de candoroso; qué tiempos estos). Que quede claro: esto no es un cierre. Pasará tiempo hasta que regrese por aquí, pero estoy casi convencido de que lo haré (reparen en el "casi", por favor). Los cuatro gatos que aún sobreviven, siempre que tengan algún interés por mis garambainas, manténganme en sus lectores de feeds por si acaso. Y los que quieran saber de mí, ya saben donde estoy. En la oficina de reclamaciones (o aclamaciones, o exclamaciones, o declamaciones, o proclamaciones) cuya dirección figura abajo a la derecha. Tendré mucho gusto en atenderles allí, como siempre. Yo ahora inicio viaje. Ya veremos adonde me lleva.

P.S. Unos llegan y otros se van. J.J., hoy mismo, se ha decidido a tomar el testigo y publicar los martes.